Aislados (microrelato)


 

Así estábamos, hace un rato ya, callados, mirando el bello paisaje de nuestro maravilloso valle. Los rayos de sol se cruzaban y las nubes dibujaban todo el tiempo, rebaños y olas.

Los días eran difíciles y las noches largas de pensar que nos depara el destino, que será de este mundo ya vivido para mí y por vivir para él.

Estábamos en el pequeño parque, sentados en los columpios de madera y cadenas, de esos que a veces volvemos cada tanto a pensar y que nos retrotraen por un momento a otros tiempos. El lugar de la felicidad,  donde el vaivén se alinea con el corazón y las penas, poco a poco, se disipan.

Delante nuestro, a unos treinta metros de distancia, había una ruina de una pequeña casa de adobe que el tiempo había deteriorado, pero que aún seguía en pie, sin techo, sin habitantes.

Tobías, pensativo y silencioso, observaba el paisaje.  

Entonces dijo suavemente:

 ¿Qué es eso?

Él tenía la edad de las preguntas, y si bien no teníamos lazos de sangre, me sentía sincronizado de alguna manera con ese pequeño ser, con sus miradas, con sus ideas…  

 Una casita de adobe le dije

¿Adobe?, ¿Qué es eso Tio Idu?-- me pregunto con dulzura

 Son como ladrillos que se hacen con barro, paja y estiércol. Se los deja secar y luego se los pega con el mismo barro   

 Es un muy buen aislante acoté en tono catedrático  en invierno no deja pasar el frío y en verano es fresquito 

 Yo antes me aislaba cuando iba al jardín de infantes  me confesó, como algo que ya había superado.

 Pero ahora, ya casi no me aíslo, solo a veces, cuando..., a veces -- me dijo

Mi corazón saltó de su lugar, tome aire,  y entre atónito y agraciado, le dije:

 Bueno, está bien aislarse de vez en cuando, creo que está bien

⎯ Hay veces que necesitamos eso, estar solos y pensar, como ahora que estamos aquí, medio aislados del resto  le dije sonriendo y señalando la casa, donde le resto de la familia se debatía entre ruidosos quehaceres y mezquinos teléfonos celulares.

Tobías me respondió con otra sonrisa que envolvía su mirada azabache de niño sabio.

Luego, en silencio, me aleje caminando despacio, pensando que tal vez le había enseñado algo. En aquel momento, al verlo en la distancia, como quedaba allí solito, pequeño y tranquilo, allí sentado en el columpio, me di cuenta que era él, el que me había dejado mucho más que su maravillosa mirada.


Por Meguzy

 

Comentarios

  1. Hay lazos que son mucho más fuertes que los de sangre...por el simple hecho que se construyen a diario y así es el de TOBÍAS con vos su TIO IDU...GRACIAS POR TANTO TANTO AMOR.

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