Entradas

Cae la lluvia

Imagen
Cae la lluvia fría sobre la piedra y la despierta ella no se mueve en serena calma se queda se queda Cae la lluvia limpia sobre la piedra y la conmueve ella nada dice en sutil silencio se queda por temor espera Cae la lluvia tenue sobre la piedra ella por dentro ya no puede contiene el aire entonces  estalla,  estalla y  ríe Edu Madariaga 

Se acabó (microrelato)

Imagen
Puso la radio a todo volumen el loco de al lado, “...se acabooo laaa cuarentenaaaa…”, y sobre el sonido estridente de la música, a los gritos el canturreo, , “...se acabooo laaa cuarentenaaaa…”, salió al pasillo del departamento y bajo las ruidosas escaleras de chapa, golpeteando las barandas,  “...se acabooo laaa cuarentenaaaa…”, los vecinos lo miraron de reojo por las delgadas persianas, algunos lo siguieron como quienes acompañan la gracia, de puro aburridos que estaban, de a poco la pequeña caravana se convirtió en tumulto, “...se acabooo laaa cuarentenaaaa…”, cantaban todos a los gritos con un ritmo cumbanchero y pegadizo, salieron todos de sus departamentos, así como estaban, barbijo, short y ojotas, de pronto, ya en la vereda, el canto se convirtió en baile, y el baile en fiesta, “...se acabooo laaa cuarentenaaaa…”, y en esa locura se olvidaron.

La batalla de Erina

Imagen
  La pandemia había dejado un tendal de muertos, de muertos vivos y de vivos, aguas y cielos claros y un millón de preguntas.   Aún quedaban grandes vestigios de todo aquel desastre, pero aquí en el paraje de Ticucho, uno ni se imaginaba que todo aquello podría haber pasado. Los limoneros estaban más lindos que nunca y sus buscados y benditos “Eurekas” parecían más bien pomelos amarillos. Los caminos de tierra estaban enteros, el clima más benévolo y el traicionero lago estaba lleno de agua y peces. Recién pintado el blanco rancho y los pájaros; teros y catas, mucho más ruidosos, como esos fiesteros trasnochados que se dejan estar y siguen festejando y cantando, hasta que amanece, como si nada importara. Erina se preparaba para ir a la ciudad, aún no amanecía, tenía que caminar dos kilómetros y pico, hasta la “Ruta 9”, eran como tres mil cuarenta y dos pasos, los había contado muchas veces y de ahí esperar algún colectivo rural que quiera parar, luego bajaba en el centro,...

Aislados (microrelato)

Imagen
  Así estábamos, hace un rato ya, callados, mirando el bello paisaje de nuestro maravilloso valle. Los rayos de sol se cruzaban y las nubes dibujaban todo el tiempo, rebaños y olas. Los días eran difíciles y las noches largas de pensar que nos depara el destino, que será de este mundo ya vivido para mí y por vivir para él. Estábamos en el pequeño parque, sentados en los columpios de madera y cadenas, de esos que a veces volvemos cada tanto a pensar y que nos retrotraen por un momento a otros tiempos. El lugar de la felicidad,  donde el vaivén se alinea con el corazón y las penas, poco a poco, se disipan. Delante nuestro, a unos treinta metros de distancia, había una ruina de una pequeña casa de adobe que el tiempo había deteriorado, pero que aún seguía en pie, sin techo, sin habitantes. Tobías, pensativo y silencioso, observaba el paisaje.   Entonces dijo suavemente: ⎯  ¿Qué es eso? ⎯ Él tenía la edad de las preguntas, y si bien no teníamos lazos ...

El renacer de Clara (cuento)

Imagen
  Entró al edificio decididamente, era de esas casas antiguas y bien conservadas, con el primer escalón de mármol blanco y el portal alto de roble siempre abierto,  cruzó el zaguán, abrió la antigua puerta de cancel de cristal repartido, y se acercó tímidamente a la recepción, apenas podía asomar su cabeza sobre el alto mostrador de madera. Titubeo por un momento, se frenó dudando que hacer, entonces respiró profundamente, afuera una torrencial e inesperada lluvia primaveral la había empapado totalmente. Ahora, parada en el centro de la sala se sentía observada, aunque no sabía todavía muy bien de donde venía esa mirada tan intensa e inquisidora. Desde muy pequeña su amada madre le había dicho que ella era casi ciega, que había nacido así. Con el tiempo había desarrollado ese sentido, ese de “ver sin mirar”, miraba con el rabillo del ojo, como con las  orejas, no necesitaba enfocar su mirada, era como esos ancianos ya casi ciegos que manejan sus grandes automóviles per...

Jaspe Joroba (cuento)

Imagen
Cerró su máquina de escribir rebatiéndola dentro del escritorio lustroso, había pasado el mediodía y por las claraboyas del edificio, entraba una claridad inusitada, se levantó, se acomodó la pollera, que llegaba hasta sus rodillas, tomó su cartera y con sórdido “hasta mañana” se despidió, el saludo más parecía dirigido a ella misma que al “Jefe de Sección” que a unos diez metros de distancia, reposaba en su silla con los pies sobre el escritorio.  El jefe, sin contestar, agrando los ojos para escudriñar su retirada, ella, con un simpático desaire, se balanceó hacia la puerta, resonando sus tacos aguja sobre el piso de madera. La mirada del jefe se clavó en su trasero, chequeando cada movimiento. Siempre la habían pretendido los jefes, se dijo, esbozando una leve sonrisa. “Por fin afuera” pensó, y respiró profundo, “allí adentro el aire estaba enrarecido, de tabaco y otros olores”. La calle San Martín siempre había sido distinta, tenía un “no sé qué”, serían sus veredas, s...